¿No puedo ponerme mi falda?
La pequeña Clara estaba eligiendo con su madre la ropa que llevaría a la fiesta de cumpleaños. Estaba muy emocionada, ya que ella misma había preparado un regalo para su amiga, y no podía esperar para ver su reacción.
– Ponte esta falda cariño, no pasarás calor, ¡y estarás preciosa!
– ¡Sí! ¡Es muy bonita!
– No pienso dejar que lleves eso.
A las dos chicas se les congeló la sangre al escuchar aquella voz, la del padre de Clara.
– Dámela, ni siquiera quiero que la tengas. -dijo aquel hombre, dirigiéndose a la niña y arrancándole la falda de las manos.
– ¡Deja que se ponga lo que quiera! ¡Solo tiene nueve años! -la pobre mujer, antes de poder acabar la frase, recibió un golpe de su marido.
– ¡Cállate! ¡Se acabó, no vas a ir a la fiesta!
Ana