Golpes tenebrosos

Otra noche de gritos, llantos y golpes. Un “Es tu culpa” le retumba en la mente mientras llora acurrucada en el rincón de la habitación con la cabeza entre las rodillas.
Ya no recuerda la última noche que no recibió un golpe, no recuerda como ha podido permitir todo aquello, sin darse cuenta fue dejando retazos de si misma. Se mira al espejo perpleja, sin reconocer a esa mujer con el labio roto, el ojo hinchado y la mezcla de sangre y lágrimas recorriendo sus mejillas, mientras piensa en sí él podrá perdonarla. Lo llama y le dice “Te perdono, pero que no vuelva a ocurrir” y ella se queda más tranquila, sin saber siquiera que es lo que no debe volver a ocurrir.

Medusa