La fuerza del vínculo

30 de noviembre de 2015

Un cuento feroz

Todas las mañanas, las manos de su madre acarician sus negros cabellos mientras los tejen con cuidado en una larga trenza, que bambolea a su espalda camino de la escuela.

Un aciago día, mientras recorre la verde vereda, el horror la abraza y se la lleva cautiva. A partir de ahí su vida se llena de dolor. Un dolor continuo y lacerante. En ese calvario, su único consuelo es su trenza, que sigue creciendo y que ella cuida con esmero. Su tacto la devuelve al hogar. Sueña muchas veces que consigue volver a casa siguiendo su infinita trenza.

Cuando las sombras empiezan a caer, el lobo asoma su negro hocico en el cuartucho donde la niña pasa las horas y le dice que a los hombres que cada noche la ultrajan, ya no les gusta su imagen infantil, que a la mañana siguiente cortará su pelo.

Esa madrugada, consumado el diario y macabro sacrificio, cuando la borrachera le tumba a su lado, la niña enrosca con cuidado su trenza alrededor del seboso cuello, agarra los dos extremos y tira de ellos. Tira con todas sus fuerzas.

ROSA GOMEZ RANEDO