Matria

A la mañana siguiente la decisión estaba tomada pero no por ella. No había nada que hacer, el régimen patriarcal grabado en sus células a través de los siglos había dictado sentencia: tú eres la culpable y como castigo por tu vergüenza enterrarás tu dolor y jamás contarás tu historia. ¡No! gritó una voz de mujer. La sorpresa fue tal que miró alrededor sobresaltada buscando a la dueña de ese grito. ¡No, se acabó, nunca más! Sintió el eco dentro de sí y comprendió que era su propia voz y que la estaba oyendo por primera vez. Su voz, al fin despierta continuó: Hoy es el día en el que me quito esta mordaza de miedos entrelazados que las manos de los hombres tejieron a través de los tiempos. Hoy voy a contar mi historia, le daré voz a mi relato para que mi dignidad florezca y la vergüenza se derrame sobre los privilegiados y no sobre las vilipendiadas. Se levantó y descolgó el teléfono. Respondió una voz de mujer. Pilar, ayer dejé que Diego me violara para salvar mi vida. El cálido llanto de su amiga al otro lado envolvió su corazón que se sintió libre por primera vez y bailó envuelta en destellos violetas la danza de las mujeres libres. No estaba sola.

Bianca