Huida

Me falta el aire y mis extremidades, entumecidas, parecen no responder. Gotas de frío sudor recorren mi piel, antes de alabastro, ahora teñida de añil; caprichoso manto azulado que torna mi rostro en un forzado lienzo vestido por el pincel de la enajenación. Intento salir, pero mis músculos, agarrotados, han perdido toda libertad de movimiento; ¿acaso algún día la tuvieron? Mi mente, disfrazada con oxidadas trazas de mi niñez, vuela hacia un tiempo donde todavía recordaba sonreír. Pronto sus pasos me harán volver. Hoy no. Otra vez no. Aprieto el cuchillo contra mi pecho y cierro los ojos. Hoy ya no.

Lu