Ecos

Hirientes acciones le fueron robando poco a poco el color a su espíritu, hasta transformarla en una pálida sombra, cuyo único propósito era esforzarse por satisfacer a los seres que tanto daño le hacían. ¿Dónde había quedado esa mujer, cuya fuerza había sido una inspiración para otras? Ni siquiera ella misma lo recordaba. Su corazón le dolía tanto, que, a momentos, ella no podía evitar pensar que quizás la muerte sería la única salida…
En medio de tanta oscuridad, un lejano sonido la hizo ponerse nuevamente de pie. Ese sonido era el de su propia voz, misma que le resultaba tan ajena después de haber permanecido sumergida en un mar de silencio. Fue entonces que ella pudo darse cuenta que, debajo de un cuerpo que lucía roto, vivía la más fuerte de las guerreras, lista para luchar con determinación, hasta lograr que ninguna otra voz se pierda en el vacío.
Un pequeño eco, aparentemente destinado a desaparecer, renació de entre las cenizas, alimentando miles de voces provenientes de todas partes del mundo, mismas a las que el terror trató de silenciar para siempre.

 

 

Patricia Jacaranda Dorantes