Cicatrices profundas

Dalia abrió la puerta y entró en el piso que compartía con sus amigos. Había sido un día duro en el entrenamiento, pero siempre salía con una sonrisa satisfactoria. Se sentó con ellos a ver un programa en el que una chica y un chico informaban sobre los cotilleos.

-Qué asco me da, esa tiene ese trabajo por ser vestirse así. !Es una puta!.

Las palabras de su compañera fueron apoyadas por los amigos, excepto por Dalia. En su mente sus peores recuerdos vuelven aparecer una vez más. Las noches temblando en su cama, la almohada empapada de lágrimas, los lloros de su madre pidiéndole a su padre que parase, el miedo, los temidos silencios, los empujones y portazos. Pero lo que más resuena en su cabeza es “puta”. Esa palabra tan utilizada por su padre sin ningún motivo para despreciar a la mujer que ella más quiere y admira.

Dalia perdió su inocencia con siete años, el día en que fué consciente de la realidad en la que vivía. Abandonó su hogar a los dieciocho para olvidar el pasado, pero doce años después un trocito de esa niña que maduró con golpes sigue saliendo siempre que se encuentra ante situaciones así. Las cicatrices más profundas de Dalia están en su alma.

Gosende.